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Por una sencilla razón, estos gases se acumulan en la atmósfera afectando la capa de ozono y favoreciendo que la radiación solar y el calor de la Tierra no se disipen hacia el espacio exterior, lo que ocasiona que aumente la temperatura global del planeta.
De acuerdo al Protocolo de Kyoto, seis son los gases de efecto invernadero que favorecen el calentamiento global: dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), además de tres gases industriales fluorados: hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6).
El perfluorometano, el perfluoroetano y los hidrofluorocarbonos (HFC) se generan en la producción de aluminio, espumas de poliuretano, ciertos solventes de limpieza especializados, aerosoles, y compuestos empleados en extintores. También pueden emitirse a la atmósfera por fugas o mal uso de los gases refrigerantes contenidos en refrigeradores, congeladores, equipos de aire acondicionado de casas, comercios y automóviles, y en equipos de refrigeración de empresas, transporte (trailers refrigerados), o de empresas productoras de hielo y en general en la industria frigorífica que usa fluidos
hidrofluorocarbonados como medio refrigerante.
El Protocolo de Kioto se ha establecido como objetivo general luchar contra el cambio climático mediante una acción internacional de reducción de las emisiones de determinados gases de efecto invernadero responsables del calentamiento
del planeta.
El Protocolo reafirma el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas. En este marco se establece que todas las partes tienen el deber de adelantar acciones con el fin de avanzar en el cumplimiento de los compromisos. Aunque hay naciones que no están listadas dentro de los países con un compromiso de reducir un número determinado
de emisiones, como lo son todos los países latinoamericanos, mantenerse al margen de este compromiso es un acto irresponsable y de alto riesgo para el futuro del planeta.
Por otro lado el Protocolo de Montreal fue suscrito en 1987 y entro en vigor el primero de junio de 1989 y en la actualidad unas 180 naciones se han comprometido a cumplir con sus metas de reducción en la producción de gases CFC (clorofluorocarbón), halones y bromuro de metilo, cuya presencia en la atmósfera es considerada la principal causa
del adelgazamiento en la capa de ozono.
El Protocolo definió las medidas que debían adoptar sus signatarios para limitar la producción y el uso de sustancias controladas, inicialmente cinco CFC (Clorofluorocarbonos) y tres halones.
El Protocolo de Montreal toma especial relevancia ya que los gases enlistados en este protocolo son usados en un alta proporción en las instalaciones frigoríficas. Algunos ejemplos de los gases que afectan la capa de ozono y que colaboran con el efecto invernadero son: R-12, R-502, R-22.
La sustitución de los refrigerantes comerciales e industriales son el objetivo principal de la industria. Por ello, las soluciones a largo plazo para aplicaciones de nuevos refrigerantes, que no suponen ningún riesgo para la capa de ozono, es una prioridad. Estas nuevas opciones deben de ser no sólo eficaces, sino que también deben de contar con características de rendimiento similares, o mejor aún, voltear a refrigerantes naturales y de un mejor rendimiento como lo es el amoniaco.
El amoniaco se utilizado como refrigerante desde hace más de 120 años, por lo que sus propiedades y posibilidades de aplicación son bastante conocidas. Las ventajas del amoniaco van desde sus propiedades de transferencia de calor hasta su precio.
El mérito fundamental de la formulación de una propuesta integral del concepto de ambiente, que conduce a la necesidad de establecer enfoques institucionales interdisciplinarios para su abordaje como lo son el Protocolo de Kyoto y el Protocolo de Montreal radica en la visión global e incluyente de todos los actores industriales, políticos y económicos, y en la ejecución de los compromisos.
Los problemas ambientales vistos desde esta perspectiva global resultan ineludibles para todos los que habitamos el planeta tierra. Debido a que factores que afectan el medio ambiente, en todos sus aspectos, no constituyen un problema exclusivo de una nación, región o área geográfica, sino que de una forma directa o indirecta tiene inferencia en el resto de los que compartimos este mundo.